Opinión Ciudadana

[OPINIÓN CIUDADANA] Un pueblo sin memoria no puede avanzar al futuro

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“Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”
(Proverbio africano)

Los conflictos históricos marcan la esencia de sus ciudadanos en muchas formas. Las heridas, los miedos, algunas formas de pensar quedan grabadas en los habitantes dependiendo mucho desde que orilla o desde que bando estuvieron mientras los hechos se sucedían.

Muchas historias hemos visto en las hollywoodenses películas de los veteranos marcados por la guerra por ejemplo, hombres mermados de sentimientos que terminan sus días en asilos como el famoso Abe Simpson, y algunos que terminaban enloquecidos disparando una metralleta en algún supermercado o colegio, persiguiendo comunistas invisibles, viendo traidores en cada rostro. El cine nos hace sentir tristeza frente a esos pobres tipos, pero el cine gringo no nos muestra las heridas de las tantas vietnamitas violadas que han vivido después de esos conflictos, o los niños sin padre que se han criado en Irak, en bosnia o en Afganistán, o en los más de 70 países en los cuales la gran Norteamérica ha metido sus narices.

En Chile la dictadura marcó nuestras vidas de diferentes maneras y en diferentes formas obviamente también dependiendo de en qué vereda usted estuviese o sus padres estuviesen. Se vive hablando de que hay cosas que debiésemos dejar en el pasado o que no tendríamos que hablar más de ciertos temas. Ese discurso por lo común viene desde la orilla menos afectada, es difícil pedirle a una madre que perdió a su hijo y que jamás pudo darle una sepultura digna, que no existen responsables por la muerte de su hijo, que no habrá justicia, pero que tiene que olvidarlo y seguir adelante.

Chile es uno de los pocos países donde el dictador fue nombrado senador vitalicio y luego de muerto, fue sepultado con honores. Ahora esos mismos pinochofans miran con horror la historia de los dictadores de Corea del Norte y como sus ciudadanos se han enamorado de sus opresores; pero en Chile una de las mayores heridas que nos dejó la dictadura fue el niahinismo, esta famosa frase que hizo inmortal nuestro Top 1 del tenis chileno, nuestro gran Marcelo Rios y su “no estoy ni ahí” marca en gran manera lo que sucedió en los 90. Los jóvenes no estaban ni ahí con nada, después de vivir 17 años reprimidos, con toques de queda, con la cocaína y la pasta base que empezó a circular en esos nefastos años, los jóvenes querían disfrutar, y ya no estaban preocupados.

Los viejos ya no querían volver al régimen gestor de la dictadura, entonces ya no votaban por la derecha, ciegamente entregaban su voto a la concertación, porque tampoco se podía votar por los comunistas, pues aún había miedo de que los militares volviesen a tomarse el poder, así que la concertación arreglaría nuestros problemas y no volveríamos a tener dictadura.

Nadie se preocupó de que es lo que hacían, salvo los más interesados en la política. Pero el ciudadano común no se enteraba, ni se preocupaba de saber cómo gobernaban aquellos que poseían los cargos. Aylwin, Lagos y Frei fueron beneficiados por esta época, en la cual no importaba cuanto se equivocasen, cuanto vendieran el país o cuanto repartieran a empresas extranjeras la gente seguiría votando por su conglomerado, sin contar con la gran cantidad de gente que se arregló los bigotes en estos gobiernos donde no existía ley de transparencia alguna.

Hoy la gente está más consciente, está más informada que antes y ya no tiene miedo. Recién ahora podemos empezar a construir y a forjar, y debemos empezar por abolir una de las tantas herencias de la dictadura: su constitución. Y no me vengan con que es un discurso resentido, o que hay que olvidarse de estas cosas, porque un pueblo necesita tener memoria para poder avanzar, y el discurso no es resentido, es necesario.

 

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